miércoles 30 de septiembre de 2009

El poeta y su amante

Cada día existen milagros, cada día pasan cosas extraordinarias entre nosotros, si tan solo nos prestáramos un segundo para ver… denlo por seguro que se sorprenderían.

Ahí está “poeta” caminando hacia su cuartito de lamina, entre vías olvidadas que la naturaleza ya reclamo, ahí están los olvidados, los que luchan por sobrevivir. Sin embargo, el poeta, tiene un sueño, algo por lo que daría su vida, está enamorado de alguien y eso para él es suficiente para luchar por sobrevivir.

Diario, trabaja un poco más en la esquina que le toca, limpia vidrios para poder tener un dinero, siempre va corriendo de un lado para otro. Siempre intentando ganar unos centavos más, es que la comida es cara y él a su tierna edad de 12 años tiene que velar por el amor de su vida. Ella no puede trabajar, es muy delicada, es muy sensible y ha sufrido mucho como para que “poeta” la obligue a conseguir dinero. NO, además “¿No soy yo el hombre de la casa?” se pregunta a si mismo cada que su voluntad flaquea.

Siempre al llegar en la noche, se sienta en un sillón verde, ya viejo, prende la tele a blanco y negro y en su parrilla eléctrica cocina algo que compro con el dinero que consiguió en su trabajo, mientras calienta la comida, pone la mesa con sus platos de un horrible color verde, único recuerdo que le dejo su madre antes de morir.

Al servir la mesa, él le acerca su plato mientras observa como come, él sonríe, es un placer ver como toma los cubiertos, como se alimenta con una gracia que el poeta nunca había conocido.

Terminan de comer y “poeta” se va a dormir al sillón mientras que ella se duerme en la cama, es un caballero y nunca se atrevería a tocarla.

Aun recuerda cuando fueron al parque, él estaba tan orgulloso de su pareja, él se había bañado, puesto sus mejores ropas, sin embargo aun así era opacado con la belleza de ella y por eso todos los volteaban a ver, no es ciego, observa sus manos maltratadas, su rostro demacrado ¿quién aparte de ella podría quererlo? Se sentaron en el pasto, platicaron, ella lo oía con una dulzura infinita, se reía de sus bromas, comieron algodón, se sacaron una foto, todo había sido perfecto, comieron, vieron ardillas, un día como ningún otro, donde el universo parece detenerse para observarte con gran felicidad. Al caer el atardecer, ellos estaban recargados en un árbol viendo la puesta de sol que los inundaba con rayos benevolentes, “poeta” la mira y no puede evitar sonreír, se acerca un poco esperando la reacción de ella, está nervioso ¿qué pasara si lo rechaza? Pero para su sorpresa no lo hace, ella se acerca un poco a su rostro moreno por los rayos de sol de la avenida donde trabaja, él se acerca un poco más, poco a poco sus rostros están al borde del contacto, “poeta” sentía como su corazón se agitaba, su piel se ponía colorada, sus manos temblaban. En un momento más está experimentando su primer beso. Es el momento más feliz de su vida. Con estos recuerdos, se voltea y duerme con una sonrisa.

Al día siguiente se para, prepara el desayuno que es bastante básico y la mira como diciendo “Lo siento, es todo lo que tengo” ella lo mira con una sonrisa y ríen juntos antes de sentarse.

poeta se va feliz, brinca los pedazos de madera y metal oxidado, salta en cada madero de la vía, la vida es agradable.

Ya en el trabajo, está corriendo de un lado para otro entre los carros como siempre, en un alto se detiene, toma agua en el camellón, mientras los otros aspiran muerte desde una estopa, él observa el otro lado de la acera: un niño va con su papá y su mamá, se ven felices, casi tanto como el poeta con ella. El papá le da un beso a la mamá, le abre la puerta, niño y mamá se suben. poeta se queda meditando ¿qué vida le estoy ofreciendo? ¿Algún día seré como ese papá? ¿Algún día ella será como la mamá?

Todo el resto del día se quedo pensando en esa situación, aun más cuando la gente indiferente le arrojaba dos o 5 pesos, él se le quedaba viendo a la moneda como si fuera una condena a una vida de miseria.

Al llegar a su casa el poeta mira con melancolía a ella, ella se extraña, siempre que regresa esta feliz o le llena de atenciones o cariños.

-“Hoy vi un algo, sabes, te amo, eres la persona más linda, te quiero mucho, siempre estoy feliz de tenerte junto a mí, de trabajar para ti, antes lo único que hacia tolerable esta vida era aspirar muerte, pero todo cambio cuando llegaste: me diste vida, te volviste el centro de mi mundo y vivir aquí se hizo lindo, cada vez que reímos juntos, cada noche que veíamos las estrellas, eres el amor de mi vida, sin embargo, hoy me di cuenta que no te puedo dar lo que mereces… sé que estoy llorando, me duele mucho lo que estoy a punto de hacer, si estoy aquí es por estar contigo, pero tengo que regresar.”

poeta espera el reproche, el llanto, pero solo siente su caricia, ella entiende que estará mejor allá y con un dejo de melancolía le da su segundo beso en los labios, ella está bien, los dos estarán bien.

Al día siguiente el poeta agarra todas sus cosas (menos la TV que no reconoce los colores y el sillón verde chillón) y las guarda en la misma bolsa de lona en la que guardo sus cosas hace dos años antes de irse de su primer hogar. Voltea a mirar a su alrededor con aire nostálgico y se despide de su segundo hogar, al despertar ella se había ido, se siente triste, pero sabe en el fondo que es lo mejor, saca una foto de ellos dos en el parque y la deja en la mesa. Es hora de regresar, el Poeta puede avanzar.

Es de noche, los vecinos han notado que no ha habido movimiento en varias semanas, es tiempo de la rapiña, entran al pequeño cuartito a ver si poeta dejo algo, pero no es así Poeta no dejo nada. Los dos ladrones de tumbas observan donde estaba la parrillita y no hay nada, observan y se llevan el viejo sillón verde, la TV; vuelven y ven la foto en la mesa ya con una sabana de polvo

“¿Cómo era el poeta?”

“Bastante raro, solo mira la foto”

“Ja, eso pasa cuando uno se monea mucho. Pinches mocosos”

Tiran la foto al suelo y ven la cama donde ella dormía.

“Oye… mejor vámonos de aquí, este lugar esta embrujado”

Los ladrones salen corriendo sin entender el milagro, dejando solamente una foto de un niño demacrado por la calle agarrando un cuadro viejo de una mujer sonriente bañada en rayos de sol, sentada en la silla de lo que podría ser un jardín, casi maternal y un cuadro de una silla sola en la oscuridad de la noche con la sombra de unas piernas colgando en el fondo.

miércoles 24 de junio de 2009

No me digas que me conoces mujer,
Solo porque me has visto en días soleados
Y de mi sonrisa eres participe
No digas que me conoces
Si solo caricias y besos recibes
No lo digas por favor
No conoces los caminos a ningún lugar
Que tiene mi corazón
Ni los oscuros precipicios de mis deseos
Acaso has visto el abismo solitario y perdido en mi mirada
O la furia de la tempestad en un grito sin sentido
Mira el vacio al cual me transporta mi memoria
Y cuando salgas llena de confusión por un día de capricho infantil entonces
Ódiame, aléjate, ríete, quédate
No me importa
Pero solo entonces podrás decir que me conoces.

Lejos de la Izquierda del viejo Roble.

Dedicado a Mario Benedetti, gracias por enseñarme el amor a la poesia
Al leerte me transportas a tu nostálgico parque, puedo sentir la pasión y emoción de aquellos jóvenes que siempre encuentras en el jardín botánico, el helado aliento de los fantasmas que lo habitan me murmuran tranquilidad en el oído.
Magia, paz, lluvia y emoción; bendito seas por llevarme allá… pero te tengo que dejar de leer para darme cuenta que aquí estamos muy lejos de tu viejo roble. Aquí en el camión lleno de gente con cara triste no hay magia, ni lluvia solo un sol desgarrador y castigador; no hay fantasmas, ni pasión solo cansancio y en el radio una mala canción.
Quiero volver a leer, pero mi parada está por llegar, solo puedo mirar los negocios de chatarra y el tráfico; solo puedo oír el motor incesante y esa misma mala canción; solo puedo sentir el calor agobiante del camión y una sensación de intranquilidad que acentúa que estamos muy lejos de tu viejo roble…

viernes 13 de febrero de 2009

Crónicas urbanas I

Vivimos en una ciudad muy surrealista, casi caótica, sin embargo y gracias a ello, en la ciudad se pueden ver espectáculos únicos en la calle, salidos de las entrañas de la inconformidad, oportunidad y pobreza.Una ciudad de sangre y flores, donde la tragedia la volvemos festival y las lágrimas que brotan de nuestros ojos contrastan con nuestra sonrisa.Cuando uno camina por las calles todos son anónimos, no miras a nadie y nadie te mira a ti, sin embargo aun recuerdo un día cuando caminaba por las calles del centro, iba hacia el zócalo capitalino, simplemente a pasear, a disfrutar de una caminata y finalizar con un buen café. En ese momento sin previo aviso y a dos cuadras del primer cuadro de la ciudad encuentro a una mujer sentada en una esquina sobre un banco, tenía lentes, cabello negro largo, un pantalón de mezclilla y una blusa rosa común y corriente. Lo sobresaliente es lo que tenía en sus manos: ella estaba ahí tocando un chelo. Me quite los audífonos que gritaban a mi oído y escuche la melodiosa música que salía de ese prodigioso instrumento, así pase un momento envuelto en sonidos que contrastaban con el tráfico y el sonido normal de las aceras de cualquier ciudad. Después de un momento, solté una moneda en el estuche de su instrumento musical, la voltee a ver; ella me miro sin dejar de tocar y me regalo una sonrisa que decía gracias. Le devolví la sonrisa y me fui sin voltear atrás, cuando deje de oír ese dulce sonido de Chelo a mi espalda me puse los audífonos… Dudo que ella me recuerde, pero por alguna razón no he podido olvidar ese breve, muy breve, momento de mi vida…

martes 3 de febrero de 2009

Días de niebla

Hace un buen rato que no estoy con una mujer… la última vez que estuve con una no llegamos al final, por respetarla, por no querer apresurar las cosas, por darle tiempo al tiempo y porque creía quererla… poco tiempo después esta chica que creia querer me engaño con otro tipo, que ella cree querer…yo solo aprendí que el respeto está muy sobrevalorado.

lunes 23 de junio de 2008

El pacto

“Solo, siempre he estado solo, la vida me ha dado bofetada tras bofetada sin poder hacer otra cosa que poner la otra mejilla, mi vida a sido un sendero gris que he transitado sin pena ni gloría… sin embargo quiero vivir.
Hace algunos años me diagnosticaron cáncer y de ahí mi salud día a día empeora y la quimio no me ayuda para Nada.
No quiero ver las montañas, no quiero ver el mar, ni un poético amanecer, solo quiero pararme, ver las noticias e ir a trabajar sin tener este maldito dolor que invade todo mi ser. Vivir…para vivir, solo hago esto para vivir, para seguir respirando sin pensar en el dolor.
Me tomó mucho tiempo investigar los pasos a seguir, en un mundo de charlatanes y mentiras la verdad se volvió el grial que me curaría. Aun recuerdo cuando por fin encontré a la persona que me enseñaría, parece que fue hace tanto…”
Su aliento pútrido olía como pescado echado a perder, sus dientes amarillentos y cafés no ayudaban a cambiar el aspecto siniestro de su cara, sus ojos estaban ocultos tras una venda vieja y roída. Su ropaje negro ocultaba sus huesos deformes y sus uñas daban la impresión de ser garras de un animal salvaje y moribundo.
A pesar de que el lugar en ruinas tenia muchas cosas que podrían considerarse interesantes, sobre todo para los morbosos, él no podía dejar de mirarla.
–Extraño, deja de observar mi belleza interna y dime: ¿A qué has venido? –Su voz ceniza parecía tan siniestra como su hogar–
–Vengo por el saber.
– ¿Qué saber te puede dar una anciana? ¿A qué te refieres? Solo soy una pobre ciega que vive de su pensión.
Con voz temerosa y asqueada por la sonrisa burlona de la anciana dijo lo que le habían dicho que dijera:
–Ven…vengo con el pago exacto por sus servicios bruja, el chamán me envía.
–Ahh, ya veo. Muéstrame el pago.
Confundido el Extraño miro la mano deforme de la anciana que se extendía hacia él, hasta que, a pesar de un temblor que apenas podía controlar, saco el pago y se lo dio.
Ella sonrió con una mueca casi salvaje, se paro y empezó a buscar entre sus pertenencias extravagantes mientras decía:
–El conocimiento que buscas Extraño, es antiguo y peligroso, sin embargo es muy poderoso, ¿Estas consiente del precio que pagaras?
–Sí, lo sé, pero solo quiero vivir.
–Ya veo, por la esperanza de sobrevivir, el ser humano ha cometido muchas atrocidades, eres un digno representante de tu raza. Sin embargo, la enfermedad que te carcome será curada.
Al oír esto El Extraño sonrió, por fin, después te tanta penuria una esperanza.
–Toma Extraño, los ingredientes están dentro de la bolsa y el libro dice los pasos exactos a seguir…solo hay un ingrediente que no esta en la bolsa y espero que entiendas la razón.
El extraño lleno de curiosidad leyó la lista con cuidado y sus ojos se llenaron de lágrimas
–No, otra vez no
La anciana rió –La vida a la que te quieres aferrar desesperadamente es cruel Extraño, muy cruel.
“Extraño me llamo, sin embargo en como me lo decía, es como si fuera mi nombre y no algo despectivo “extraño” esa palabra me es tan familiar.
Primero abro el libro, lo he estudiado exhaustivamente, no debo cometer errores: el día es el indicado, la noche es perfecta, no volveré a tener una oportunidad como esta.
Prendo las velas por toda la habitación y las sombras bailan al ritmo de un son profano que solo ellas escuchan, a cada paso, a cada movimiento de la llama, el olor que desprenden se vuelve más intenso: más repulsivo. Marco con la piedra roja de la bruja los símbolos depravados. El dolo se hace cada vez más fuerte, pero todavía puedo controlarlo. Con manos temblorosas pongo las velas en cada una de las puntas de los símbolos, mi pecho me presiona, mi garganta se tapa y no puedo respirar, me falta aire y toso, todo mi cuerpo esta sudando y temblando poco a poco mi vista se nubla ¿Esto es la muerte? ¡NO! No puede terminar así, no estando tan….”
El extraño esta en una cama mirándose en un espejo, su cuerpo nunca ha estado en forma, pero ahora se ve destruido: sin su cabello negro, ojeroso, pálido y extremadamente delgado. Avienta con ira el espejo y empieza a llorar; la habitación blanca es tétrica a esa hora de la noche, tan vacía solo una tele y otras camas a los costados. Cierra los ojos y sus manos tapan su rostro como intentando ocultar su miseria a unos visitantes inexistentes. Pero no puede huir, sus nauseas no se van, los quejidos casi fantasmagóricos de los demás pacientes no se alejan.
Con voz desesperada una mujer dice como mantra:
–No quiero morir…no quiero morir….-un quejido largo-No quiero morir. Lagrimas siguen saliendo del Extraño
–Yo tampoco –se repite para si mismo-
“¿Cuánto tiempo me fui? Una hora tal vez, dulce Satán me has salvado, ¿quieres mi alma verdad? Bueno no quiero decepcionarte. EL dolor continua, pero es controlable. Es curioso que recordara eso, como me hubiera gustado que la vida fuera como en las películas, que apareciera una bonita enfermera que me cuidara y nos enamoráramos perdidamente rompiendo con mi soledad, sin embargo eso nunca pasa, solo existe la soledad.
Basta de divagar, es hora de continuar.
Prendo los inciensos y el ambiente se vuelve tenso, el humo gira en el aire como almas intentando ser liberadas de su prisión, prisión que pronto será la mía.
Ahora viene lo más delicado. Me quito la ropa y mi cuerpo tiembla ¿acaso es por el frio? ¿La emoción? ¿Miedo? No, es por el asco y la culpa.
Me quedo quieto viendo el último ingrediente, no puedo hacerlo…pero en mi mente solo se oye esa voz: “No quiero morir” repítelo Extraño “NO quiero morir” Toma valor Extraño, solo un paso y no morirás, solo un último sacrificio. Me he dicho Extraño, es acaso que he olvidado mi propio nombre, tal vez deba… ¡No! Lo hare, no me importaría morir si tan solo supiera, si tan solo creyera, pero yo sé la triste verdad, la muerte es lo ultimo, luego la Nada, la eterna, fría y solitaria Nada…
¿Cuánto paso? Dios… ¡lo hice! Por fin lo hice, no recuerdo cómo, pero ahora tengo el último ingrediente; mi cuerpo sigue temblando, es como si intentara evitar este último pecado. Marco con la mayor precisión posible los símbolos en mi cuerpo los puntos de la vida y las velas se ponen inquietas. Tomo un vaso de cristal, lo lleno con el ingrediente y lo hecho sobre mi cabeza.
Entro en el símbolo, hace frio ¿viento acaso? ¿De donde viene?
Digo las frases que me causan una horrendo vacio en el estomago; con el cuchillo me corto y mi sangre se mezcla con la suya, cae a suelo, alzo los brazos y digo la ultima frase incomprensible con un grito atronador, las velas brillan furiosamente, el viento es rápido dentro de la habitación haciendo ruidos lamentables y el humo del incienso baila, parece contento.
Me quedo quieto con las manos hacia el cielo, mi respiración es agitada, mi cuerpo tiembla, ahora sé por qué, es por miedo y Nada, no pasa Nada, el dolor sigue controlable pero mi corazón late rápido, ¡No!, no puede ser.
Bajo las manos, mis ojos quieren salir de su orbita, quieren huir. Fracase.
NO
Debí equivocarme en algo.
Salgo del pentagrama y leo el grimorio, repito una vez más todo, con sumo cuidado, aun hay tiempo, aun hay ingredientes.
Nada.
Se me acaba el tiempo, vuelvo una vez más, no debo perder tiempo, los preparativos pierden ritual, pero no importa: Nada, ¡otra vez! ¡NADA! ¡Otra vez, otra, otra y otra!...
NADA
Bajo los hombros, mis manos caen al suelo junto con mis rodillas. Mi cuerpo esta empapado de sangre, tembloroso, mis ojos no pueden dejar de ver el Vacio y empiezo a llorar.
No quiero morir, la voz de la mujer se vuelve la mía. No quiero morir, Abrazo mis rodillas ¿alguien oye mis pensamientos? ¿Madre, estas ahí?
Pero no contesta, Nadie contesta, solo esta la soledad, este maldito dolor y la Nada. No existe Satán, ni Dios, solo el dolor y la Nada. Y están los ojos abiertos, muertos de ella para recriminármelo hasta el día que la Nada por fin me consuma.

Amor

Todo es oscuridad, los focos de la casa están apagados, por las ventanas se puede ver el vacio de las estrellas en el cielo y la luna está escondida en su manto de nubes.
Solo una pequeña luz roja entra por la ventana alumbrando su cara, es una cara marchita, acabada y amargada, ¿Cómo es posible que una niña tenga semejante rostro? Sus ojos miran desde el marco de la puerta al cuerpo inerte que yace sobre la cama, ella se acerca sigilosamente, teme despertarla.
–¡Camina lento Carlos! no queremos despertar a mamá– le dice a su oso mientras pone su dedo índice sobre sus labios resecos y sus pequeñas manos aprietan el cuello del muñeco de peluche.
Al llegar al pie de la cama, la niña sonríe, cumplió la mitad de su cometido, poco a poco sube a la cama y de una manera tierna abraza a su madre, mete su cuerpo entre las cobijas y sus pequeños pies quedan entrelazados con los pies de su progenitora.
Sus ojos están llenos de júbilo, ¡esta acostada a lado de su madre! Tal y como siempre debería ser; con autosatisfacción mira las paredes viejas y los muebles llenos de polvo, no importa la mugre de la casa, no importa el hambre en su estomago, no importa la desesperanza ni el temor por el futuro, ahora esta acostada con su madre y todo parece perfecto.
Ni siquiera importa ese insecto caminando por la piel de mamá, ni su piel fría casi azulada, los ojos abiertos para la niña expresan amor y devoción, su boca abierta que huele a putrefacción le susurra canciones de amor, el rigor mortem de su cuerpo la abraza y consuela su perdida, su cabello antes fino y sedoso es cabello de ángel materia divina con la que hacen los sueños, toda en ella es perfecta porque es su madre.
Así podría estar días, meses, de hecho así ha estado mucho tiempo, ¿hace cuanto que su padre se fue para abandonarla? ¿Su madre ya era perfecta o aun respiraba?
La niña empieza a reír, un amiguito de mamá, se ha arrastrado hasta su brazo y le hace cosquillas, la joven con un gesto cariñoso, agarra al amiguito y lo vuelve a dejar en el rostro de su madre, este se arrastra hasta encontrar un lugar caliente y nutritivo para estar.
Poco a poco su madre se empieza a mover, la niña tiene cara de disgusto.
–Señor Carlos, ¡está arruinando todo! Oso estúpido, oso estúpido, oso estúpido, oso estúpido…
El cuarto parece más alumbrado y el polvo menos espeso, la boca putrefacta se cierra y los ojos abiertos descansan, la piel fría va tomando color y calor, pero la angustia de la niña llega al clímax como cada noche cuando los amiguitos de mamá desaparecen en ese universo lúdico al cual ella pertenece. La niña logra tranquilizarse y limpiar sus lágrimas cuando el rigor mortem de su madre es sustituido por un pequeño palpitar.
–Hola cielo, ¿No puedes dormir?–dice la madre todavía adormecida
–No mamá, ¿puedo dormir contigo?
–Claro, ¿tu padre no llega verdad? ¡Ese hombre! bueno. Buenas noches reina.
–Buenas noches ma’
Poco a poco la madre se vuelve a dormir y la niña vuelve a soñar despierta, su madre vuelve a estar…perfecta.